Nace en
Madrid el veintisiete de mayo de mil novecientos cincuenta y siete.
La trayectoria de
Madrid Sanz arranca en un momento clave – principios del siglo XX - en el que se está produciendo una fuerte contestación a las vanguardias, a través del resurgir del realismo, en toda su extensión. Estos conceptos, designan
pinturas muy variadas, y tienen en común la vuelta a la
figuración, el deseo de romper barreras.
La particular evolución de
Madrid Sanz se va observando a través de unas
obras con un tratamiento minucioso y detenido de la luz y del
color. Esto último muy apreciado en los grandes maestros impresionistas.
Sus obras intentan transmitir una sensación agradable y placentera. Pretende una
pintura totalmente popular, donde siempre haya alguien, que en la variedad de sus obras pueda encontrar lo que busca.
Debido a que la acuarela estuvo presente durante años, es por lo que en sus obras en
óleo se mezclan veladuras y pinceladas muy poco grasas.
Gusta de llevar la vivísima realidad que a torrentes entra por sus ojos. Y sin añadido alguno que no sean los microscópicos poros de la piel de las cosas, los traslada tal cual al lienzo, en un asombroso
hiperrealismo con el que intenta superar el propio modelo.
Es un gran defensor de la
pintura realista, lo que le lleva a fundar una comunidad de excelentes
pintores realistas, procedentes de todos los rincones del país y que se denominan: Amigos del
Realismo. La unión de estos artistas tiene como único fin un gran proyecto cultural: la defensa del
realismo.
Poco aficionado a los currículos y mitificaciones; -
“Lo único que importa es la obra, lo demás es maquillaje”.